
Hice el proceso de descondicionamiento infantil y sólo tengo dos palabras que decir: “¡Tómala ya!”.
Gracias a esta terapia, hoy soy consciente de mis diferentes maneras de ser, y si las aprendí de mi mamá o de mi papá y si quiero seguirlas teniendo o no.
Hoy tengo el poder de identificar las que no me gustan y con toda conciencia puedo dejar de actuar así porque sé que no es algo mío, sino copiado y, por lo tanto desechable.
Otro gran logro para mí fue darme cuenta de la parte negativa que mis papás me inculcaron sobre mí misma y sobre cómo debía ser. Hoy soy lo suficientemente fuerte para no permitir que me la sigan “inculcando” y, de hecho, ahora que ya no lo permito, me respetan más que cuando lo hacía.
Araceli Cid
Edad: 36 años
Febrero 2012









